EL SEXO DE LA TELE

Lic. Ruben Campero

Mucho se ha dicho sobre el papel de la TV en la producción de ideología y adaptación a un sistema. Gran parte de la discusión respecto a su función se centra en si la TV está para entretener o para educar. Se cuestiona su lugar en la transmisión de la ideología del Estado, su interacción con la tele audiencia y con las lógicas de mercado, y si en verdad refleja y amplifica la realidad social o simplemente la construye.

Lo cierto es que la TV resulta un agente socializador de la personas, relevando funciones de instituciones tradicionales que han entrado en crisis. Logra incidir en lo que debe considerarse tema digno para un debate público, y manufactura como “noticia” o “actualidad” lo que vende como “realidad”.

Como la sexualidad no es solo una relación genital, ya que ella se expresa en todo lo que somos, también a través de su manejo la TV transmite concepciones de ser humano, de cuerpos, de deseos, de sexos. Reproduce y actualiza todo lo que consideramos sexualidad “normal” repitiendo un discurso único, el cual es presentado en múltiples versiones para generar la ilusión de “transgresión”.


LOS MENSAJES SEXUALES

Cuando prendemos la TV los mensajes sobre la sexualidad siempre están ahí, ya sea en actitudes, comentarios, cosas dichas o silenciadas, imágenes mostradas o censuradas. Desde la publicidad, las películas y los talk shows, se transmiten contenidos sobre lo que es una mujer, o un hombre, sobre lo que es una relación sexual, sobre mitos y prejuicios.

Y desde lo explícito, lo sexual parece estallar en infinitas formas a través de relaciones genitales, cuerpos semi desnudos bailando o intimidades contadas por sus protagonistas. Todo se ve muy real, parece que esa “es” la sexualidad que estamos viviendo o que deberíamos vivir.

En general solo somos concientes de estar ante un mensaje sexual cuando asistimos a lo explícito, sin darnos cuenta que en realidad el bombardeo es constante. De la misma manera, cuando en la TV buscamos entretenimiento, no siempre nos damos cuenta que estamos recibiendo adoctrinamiento en determinados valores sexuales.

Mirar TV hoy sería como asistir a un circo romano, desde donde se nos invita a presenciar pasiva y pornográficamente cuerpos y vidas humanas que son desolladas y exhibidas para la excitación del ojo caníbal.

Podríamos pensar que la TV se ha corrido de lo tradicional, que realmente está mostrando la diversidad que implica la sexualidad. Sin embargo todo ese “circo” aparentemente exótico, no haría mas que reciclar los mensajes machistas, heterocentrados (1) y misóginos (2) de siempre. Sería como hacer mucho ruido para que todo siga igual, para que un discurso sobre los cuerpos y la sexualidad se continúe actualizando como el único posible.


LAS CHICAS DE LA TELE

Lejos estamos ya de aquellos listones negros que censuraban partes de la anatomía humana consideradas explícitamente sexuales. En la TV el cuerpo se presenta a total disposición de la mirada. La liberación de viejas ataduras represivas parece haberse conquistado.

Sin embargo el tratamiento visual que el cuerpo recibe en la TV lo deja “desnudo”, vaciado de misterios, sin nada propio por develar. El cuerpo es solo el cuerpo, materia de consumo para una mirada que devora por insatisfacción. Nuevamente ha quedado preso de un discurso único, ahora reciclado y ofrecido como “liberación”. Atrapado en su propia carne, el cuerpo es vendido al mejor postor.

Pero como siempre, siguen habiendo cuerpos y “cuerpos”. Como reflejo de valores culturales consagrados, la TV colabora en mantener el desbalance de poder entre hombres y mujeres, también a través de la producción estética de los cuerpos.

Nalgas y mamas de mujeres, piernas y pubis, son presentadas en formato erótico en la pantalla chica, con el fin de naturalizar la calidad de mercancía intercambiable de los cuerpos de las mujeres.

La producción en serie de cuerpos exuberantes para sofisticados bailes eróticos, no sería más que una estrategia para despojar de toda identidad a las mujeres, transformándolas en meros cuerpos de consumo para su explotación visual.

Como parte de esta estrategia se destaca también la ausencia de un tratamiento similar hacia el cuerpo de los hombres. Si bien en ocasiones aparecen con poca ropa, la atención no está puesta sobre ellos. Con esta estrategia discursiva, se logra mantener la idea de que los hombres (al menos los presentados como heterosexuales) no serían nunca objeto de una mirada de consumo erótico caníbal.

Ellos estarían siempre en el lugar de sujetos con identidad propia, de aquellos que tienen el poder de mirar y apropiarse de la mercancía ofrecida.


TELEVISION “FREAK” (3)

Otro tanto ocurre con las diferentes manifestaciones sexuales que son exhibidas en la TV. El mundo de los “raros”, de los “freaks” sexuales, irrumpe constantemente sin escandalizar ya a nadie. ¿Será esto, al fin, una apertura a las múltiples posibilidades sexuales que hacen a la diversidad humana?

Pero la forma en que estas personas son presentadas en la TV, las coloca en el centro mismo de la arena del circo, a la manera de bufones, para que la “moralmente correcta” ciudadanía las consuma sin ningún tipo de implicación personal.

Para tranquilidad del sistema, los lugares de la normalidad y la anormalidad en materia sexual siguen quedando claramente diferenciados. Vemos sado-masoquismo en la tele, vemos personas trans, prostitutas, pero nada de sus historias logra cuestionar el bunquer ideológico de la “sana” sexualidad burguesa.

Nuevamente, un discurso único sobre lo sexual sigue sobreviviendo. Nuevamente mucho ruido para que todo siga igual.


DEBATES

Algunas personas de los medios plantean que la función de la TV es entretener y no educar. Tal argumento se basa en una idea tradicional y antigua de educación, y desconoce que todo mensaje educa, ya que transmite contenidos y valores sobre las cosas.

El formato de debate, especialmente usado para tratar temas sexuales por su alto ratting, ha sido un recurso muy presente en la TV. Con él se intenta tocar un tema convocando posiciones encontradas para que discutan.

Si bien dicho formato apuntaría explícitamente a educar, colocando el tema sobre la mesa, su calidad acalorada y explosiva de tratamiento solo invitaría a tomar posición dentro de una confrontación de ideas, y no a tener una visión más informada y organizada sobre lo que se está discutiendo.

Se estimularía por tanto el “ganar” o “perder”, haciendo que la argumentación termine siendo un show, antes que un pensar y reflexionar sobre temas delicados, que al ser difundidos masivamente tocan la vida de las personas.

Resulta vital debatir sobre los temas para estimular la participación, máxima de la Educación Popular. Pero ¿que ocurre cuando dicho debate es adaptado a las actuales lógicas televisivas, con sus exigencias de entretenimiento y captura de la atención?

Muchos debates sobre sexualidad en TV extinguen el potencial cuestionador del tema en el mismo set, al desplazar el punto de atención del propio tema a las actitudes y conflictos entre quienes debaten.

Ante tanta discusión sin síntesis, el resultado educativo es al menos dudoso. Logrando que el tema pierda fuerza diluyéndose tras el show generado. Todo por tanto sigue como está, mientras algunos se pelean por sus argumentos, los discursos dominantes continúan manteniendo su pretendida legitimidad.


LA TELE NUESTRA DE CADA DÍA

Hace ya mucho tiempo que la tele vino para quedarse. Y ya sea si es reflejo o constructora de realidad, o si la tele audiencia tiene la libertad o no de discriminar lo que consume, la TV tiene un papel central en la producción de opinión pública.

Tal vez sea importante pensar que no todo lo que se presenta en la TV con apariencia de novedoso realmente lo es. Tal vez los discursos tradicionales y disciplinadores de la sexualidad han tomado tal sofisticación, que logran disfrazarse de mensajes libertarios y trangresores de las normas, utilizando la televisión como plataforma privilegiada de difusión de su ideología.

Pero hecha la ley, hecha la trampa, toda vez que un discurso único se plantea como el dominante siempre encuentra sus fisuras, sus resistencias, y tal vez la TV también pueda llegar a ser un espacio desde donde resistir, desde donde crear contra discursos. Aunque para eso, por fortuna, siempre existirán muchos más medios.


Lic. Ruben Campero
Psicólogo – Sexólogo – Comunicador
rucabal@adinet.com.uy

Artículo publicado en Revista FACTOR SOLIDARIO. Setiembre 2008

Setiembre 2008

(1) Creer que sexualidad es sinónimo de heterosexualidad, que todas las personas se sienten atraídas por otras de distinto sexo y que la población en general aspira a ser parte de las instituciones creadas por lo heterosexual.
(2) Odio y desprecio hacia las mujeres y hacia todo lo considerado culturalmente como femenino.
(3) Del inglés “extraño”, “extravagante” o “estrafalario”

 

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